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Habéis leído bien, sí, pone 27h y no 24h, y la perspectiva desde la que voy a hablar en las siguientes líneas, es desde la perspectiva del acompañante, cuidador o persona referente del paciente admitido en este tipo de unidades. Pero con los ojos enfermeros, salpicados por una experiencia vivida recientemente. Y qué mejor día que lanzar este post el 7 de Abril, Día Mundial de la Salud (En 2016 enfocado a la diabetes), dedicándose a todos aquellos que posiblemente, estén pasando horas inciertas por uno u otro motivo en un Servicio de Urgencias Hospitalario (SUH).

Pero vayamos por partes, porque 27h son muchas, todas comienzan por la llegada incierta a admisiones, y en este caso concreto se reparte el tiempo entre salas de espera, triajes, box y la Unidad de Observación de Urgencias.

Sala de Espera

No es una sorpresa, la sala de espera de un SUH repleta. Y mucho menos en fechas como las que corren, con la “patología” estacional haciendo mella en la población más mayor y más frágil ante los eventos climáticos. La Sala de Espera de Urgencias suele ser un lugar de Discordia, sobretodo en tiempos de saturación. Gracias al “motivo de consulta” que amablemente recoge un administrativo, se puede realizar el triaje (1), procedimiento que una enfermera realiza, dotando a las personas que llegan a estas unidades de mayor o menor prioridad dependiendo de su gravedad.

Claro que esto del triaje, posiblemente poco se ha explicado a la población en general, y aunque se sepa, la mayor gravedad siempre la tiene uno mismo, que es el interesado que consulta. Aunque parezca mentira, y existan diferentes niveles de gravedad y la perspectiva propia mande, en ocasiones, hay circunstancias (cuando el otro está peor) que despejan toda duda sobre qué o quién debe pasar primero. Y los propios pacientes y familiares son solidarios, y compadecen y ayudan a que aquél que está peor, sea visto primero. Un dolor agudo que se hace obvio, un traumatismo, dificultades respiratorias, suelen ser criterios que los propios pacientes de la sala entienden.

Es un lugar también de crítica, ya no sólo al servicio, o a los profesionales, sino que al propio sistema; o incluso lugar de amargo encuentro (con algún conocido) como sucedió en este caso, algo que seguro es más frecuente en hospitales comarcales, más pequeños. Es un lugar en el que se cruzan pacientes debutantes, temerosos, pacientes expertos (en el SUH), críticos y criticones, aduladores y pensativos, optimistas y pesimistas, observadores y/o perdidos. Un lugar de duelos anticipados, disfuncionales o elaborados, duelos en todas sus fases en los que la negación, la ira, la negociación, o la aceptación, se mezclan en un amargao cóctel.

Sala que como acompañante se pisa más de una vez, en las entradas y salidas, siguiendo las indicaciones del personal, que amablemente te invita a pasar a la sala de espera, dónde te avisará, dónde te hará esperar.

El Triaje

Una sensación de alivio e incertidumbre te invade cuando se escucha el nombre del paciente, que ha de pasar a ser valorado en urgencias. Alivio, al terminar la espera, al comenzar a ser atendido, atendido de una situación que has ya valorado por ti mismo y que has considerado urgente. Es decir lo suficientemente urgente como para necesitar ser atendido en un centro hospitalario.

Existe un triaje previo, inconsciente y que propiamente realizas en el momento que detectas tu problema y lo consideras lo suficientemente grave para que te lleve a un SUH. Es muy gracioso, si lo piensas como acompañante, y no sanitario, cuando se orienta a la población sobre qué problemas deberían o no ser consultados en el SUH. ( Claro que se hace porque es necesario, y se ha de educar en este tema). Pero merece la pena pensar que aquellas personas que aunque repetidamente acudan al SUH, lo hacen porque lo creen necesario, sienten la necesidad de ser atendidos urgentemente, por personal correcto, y en ese momento han decidido que es allí dónde debe acudir.

En este momento, el papel de la enfermera de triaje, es importantísimo, por un lado discrimina aquello importante de lo menos, priorizando. Pero además da la cara por el personal, es quién se convierte en referente por unos instantes y lanza la atención. No solo identifica prioridad, sino que también al paciente, y al soporte. Se convierte en una referencia. Con un papel difícil, ya que su decisión de nuevo, será criticada, posiblemente fuera y dentro, y por unos y por otros, profesionales o no. Un puesto delicado, y con la suficiente presión. Se ha de reconocer esta labor, que además se realiza siempre con todo aquél que cruza la puerta con la suficiente empatía, como para entender no sólo la patología y su gravedad, si no a la persona y su estado.  Su rápida y precisa actuación resultará importantísima y marcará todo el proceso.

Merece la pena recordar que la enfermera de triaje es capaz, pero no está sola, ya que el soporte informático y el del médico en casos complejos ofrecen o deberían ofrecer la seguridad y la efectividad en el desempeño de su rol, que además se convierte en el centinela perfecto del funcionamiento del servicio.(1)

De camino al Box

Una vez consensuada la gravedad del problema, debería el paciente ser derivado al box, donde con mayor intimidad se debería proceder a la exploración. En el informe de “Estándares y recomendaciones Unidad de Urgencias Hospitalarias” publicado por el Ministerio de Sanidad y Política Social en 2010, se define el Box de urgencias como “un espacio polivalente destinado a la exploración, diagnóstico y prestación de cuidados al paciente médico o quirúrgico que, conforme al resultado del triaje, no es enviado a la consulta, no precisa una atención de nivel 1 (emergencia) ni requiere recursos especiales (traumatología, ORL, oftalmología,..).

Si resulta que nos encontramos con una situación de desborde, puede suceder lo que muchas veces sucede, que el servicio se satura, y comienza a habilitarse el pasillo con butacas y literas a modo de boxes, y es donde sucede la exploración, diagnóstico y prestación de cuidados con el más que evidente riesgo de pérdida total de intimidad. No es y cuando lo ves, así lo crees, de ser sencillo gestionar todo esto. Pero vale la pena decir que en esta experiencia que vivida, el sistema estaba muy bien organizado, dónde los boxes se iban ocupando y los tratamientos y cuidados se gestionaban en la medida de lo posible en posiciones de pasillo, intentando preservar siempre la intimidad en lo posible con biombos y demás, con gran sentido del orden. Era imposible, (eso sí) mientras se hacía cola en el pasillo después del triaje para ocupar un box, no fijarse en cómo se gestionaba el entorno, y cómo la prioridad la marcaba la gravedad de cada uno.

Del Box a la Unidad de Observación de Urgencias (UOU)

Si el tiempo desde la admisión hasta el triaje y valoración resultó corto, desde el triaje hasta la entrada en un box, se eternizó, pero claro, marcaba la prioridad de cada uno. Tras pasar por el box, con el diagnóstico, tratamiento e inicio de cuidados, el destino fué ocupar un puesto en la Unidad de Observación de Urgencias. Lugar en el que las horas se hacen largas, tanto para los pacientes como para los acompañantes. Lugar que funciona a modo de planta de hospitalización, pero siendo esta una sala donde se separa con biombos a los pacientes, el sitio es reducido y en el que los horarios son restringidos. Restricción, sobre todo la del horario nocturno, que alimenta enormemente la incertidumbre en la evolución de la persona querida. Incertidumbre de un posible alta o un posible ingreso hospitalario, incertidumbre por una problema que puede ser más grave dentro de su gravedad, incertidumbre entre idas y venidas de enfermeras, auxiliares y médicos (con mil cosas en la cabeza).

Equipos que trabajan necesariamente como tales, que se coordinan a la perfección, y que consiguen pese a las limitaciones, proteger la intimidad individual de cada uno, atender todas tus necesidades, en momentos que dentro de la urgencia son menos urgentes, pero quizás más lábiles.

Aquí el tiempo es lento, muy lento, y la cabeza te da vueltas, posiblemente como en este caso, las horas eran muchas. Observas como cambian los turnos, entran unos, salen otros. Aquellos profesionales que ayer viste cansados, hoy vuelven con fuerzas renovadas, con expresiones diferentes, casi siempre con el mismo trato. Ha girado la rueda por completo, más de 24h y al parecer el alta se aproxima, al propio domicilio, todo se está solucionando, pero la sala de observación no ha parado quieta ni un momento, con personas que ocupan estos puestos, con problemas que hacen que sobretodo los profesionales de enfermería, auxiliares y camilleros se conviertan en polivalentes. Profesionales que te das cuenta no paran ni un momento, ni de día ni de noche.

Te das cuenta al ver todo el tinglado, que tus 27h en el SUH, no han sido un capricho, desgraciadamente necesarias, que hay muchas urgencias, que hay mucha demanda y cada una necesaria. Que hay un entorno, el de urgencias muy difícil de gestionar. Es por ello que desde mi experiencia como acompañante, con ojos enfermeros, agradezco y admiro la atención recibida en uno de ellos. Pero mi agradecimiento va para todos los que trabajan en este entorno tan complejo.

 

Gracias, en especial al SUH del Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Sant Boi de Llobregat.

 

(1) El triaje: herramienta fundamental en urgencias y emergencias, Anales Sis San Navarra v.33  supl.1, Pamplona  2010 (link)

 

Fernando Campaña Castillo, Editor de Nuestraenfermeria.es

Fotografía portada, imagen libre modificada de Pexels