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Pues eso, que será lo que tiene esta disciplina para que tantas y tantas veces acabe en el objetivo de unos y otros. Que somos una parte importantísima e imprescindible de la estructura sanitaria, es seguro. El dilema que trae a muchos de cabeza, y a nosotros debería ser los primeros, es el cómo ocupamos ese lugar.

Podría girar todo entorno a la famosa #prescripciónenfermera, a lo que creo que unos dan un sentido mucho más allá que la propia frase. Si fuera simple y llanamente “prescripción enfermera” estaríamos hablando de una competencia enfermera que no vendría a copar competencias de otros, si no que vendría para respaldar, reforzar y legislar situaciones y casos que existen.

En mi modesta opinión, leyendo titulares como el siguiente Carlos Macaya: “Dudo que Enfermería quiera aceptar las consecuencias de prescribir creo que no se ha entendido nada, y de que existen muchos opinadores, consultores, evaluadores y/o legisladores que están muy lejos del “pie de cama” y no ven la realidad de la sanidad y la salud,  y de cómo figuras como la enfermería no son figurantes. Yo podría decir, “dudo que los médicos quisieran aceptar ciertas presiones asistenciales y desamparos profesionales”. Pero esto solo serviría para echar leña a un candelero y querer convertir a nuestros compañeros de la profesión médica en el “enemigo”, cuando no lo son, en esto señores, no hay enemigos, hay unas realidades que se han de definir y aclarar, y unos profesionales que por necesidad del sistema, deberían poder desarrollar plenamente unas competencias. No es sólo la prescripción, es la investigación, es la autonomía, es la igualdad de miras, y no entre nosotros, sino de quienes nos ven, es la transversalidad.

Mientras tanto, en otro lugar de la galaxia enfermera, sufrimos otro “zasca”. Como se nos desvela avispadamente desde twitter, y se nos muestra un documento en el que la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) “Organismo Autónomo, adscrito al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, creado por el artículo 8 de la Ley 15/2014, de 16 de septiembre, de racionalización del Sector Público y otras medidas de reforma administrativa, procedente de la conversión de la Fundación Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación en organismo público, y que tiene como objetivo contribuir a la mejora de la calidad del sistema de educación superior mediante la evaluación, certificación y acreditación de enseñanzas, profesorado e instituciones; designa a un médico para el área de Enfermería de la Comisión de acreditación de Especialidades.

Y no es que no crea en las transversalidades, ni en la cercanía y el conocimiento de la disciplina enfermera de ese profesional concreto, pero me pregunto en voz alta, ¿aceptaría el otro colectivo de las ciencias de la salud, que fuera una enfermera suficientemente preparada y cercana a este, quién evaluara, certificara y acreditara sus enseñanzas? Posiblemente no.

Y es que parece todo traído de otra época, de otros tiempos “cofiados”. O incluso me atrevería a decir que de una ficción a veces extraña y estrambótica. Y digo esto de estrambótico, porque resulta que sí,  que alguien ha visto o ve nuestra valía y cuál puede ser nuestro rol, y se ha decidido a apoyarlo, pero claro, este estamento no es otro que el Ejército. Sorprendente titular de la “Redacción médica/enfermeraEl Ejército sí quiere que Enfermería prescriba. Y no sólo eso, sino que desatasca imposibles como es la especialidad médico-quirúrgica o la de emergencias, incluso para los propios médicos. No sé si en la batalla de la vida real, algún día se podrá llegar a usar lo que parecen ser tácticas avanzadas de gestión sanitaria, pero al parecer en la vida militar, la enfermería importa, al menos algo más que en la civil.

Para la Reflexión os dejo pensar…

¿Qué será lo que tiene la enfermería, que tanto quieren unos y tanto temen otros?

Fernando Campaña Castillo, Editor de Nuestraenfermeria.es

Fotografía portada, imagen libre modificada de Pexels