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En este comienzo de año, aprovecha la ocasión Meritxell Sastre,  y lo hace para acercarnos a una vivencia muy personal, que tiene mucho que ver con como vive una enfermera la pérdida de la propia salud. Una vivencia a través de la que reflexiona sobre quiénes somos las enfermeras. Gracias Meritxell por tu generosidad.

Fernando Campaña Castillo, Editor de Nuestraenfermeria.es

Fotografía portada, Algunos derechos reservados por maitecastillofotografia

Deseo para el 2014: recuperar nuestra esencia enfermera…

Se acabó el año. Empieza uno nuevo, las aguas siguen revueltas en la sanidad y también en todo lo referente a la enfermería. Un futuro incierto y lleno de dudas.

Muchas reflexiones, muchos miedos y mucho por hacer. Pero hoy he decidido parar para reflexionar. Esta vez me ha tocado a mí, vivir la historia en primera persona  y desde el otro lado de la barrera.

Me apasiona la enfermería, su historia, contarla, compartir con mis alumnos la necesidad de la metodología  y defenderla como ciencia. Pero, que enfermería tenemos o queremos en el siglo XXI?  Por ello he decido compartir con todos vosotros mi experiencia en un hospital. Pero esta vez sin llevar bata blanca, desde la cama.

En el momento más inoportuno, cuando la faena llegaba a su punto más álgido, un fuerte dolor y fiebre muy alta me hicieron poner el modo Stop.

La primera sensación es de miedo, angustia. Saber que los tuyos están atendidos mientras tú estás en modo stop, sentir la gente que más quieres cerca y el apoyo incondicional que de los compañeros de trabajo y amigos es básico para minimizar el dolor.

Tomar conciencia que esta vez tú no puedes decidir, que la enfermedad aguda ha ganado la partida y que otros van a decidir por ti dónde y cómo vas a estar. No me cansaré de dar las gracias a la gente que más quiero por estar a mi lado durante todo el proceso, por darme la mano cuando dolía y masajear mi espalda cuando la hipertermia había dejado todos mis músculos con agujetas.  La familia, ese elemento que tanto usamos las enfermeras cuando hablamos de planes de curas, la inclusión de ella en la relación terapéutica, toma otro cariz cuando es la tuya.

Creo que el dolor, agudo o crónico, es uno de los diagnósticos de enfermería más trabajados por las enfermeras. Nos gusta reflejar en nuestras magníficas ponencias y congresos, la importancia del manejo del dolor por parte de la enfermera.  En mis siete días de ingreso hospitalario apenas una enfermera preguntó y evaluó sobre mi dolor. Tuve que pedir cada analgesia extra que necesité. Y eso, en el 2014, las enfermeras no deberíamos permitirlo. 

Lo que más marcó mis reflexiones es la ausencia de individualidad de los cuidados. Sólo una enfermera de noche se presentó con su nombre y me ofreció sus cuidados de forma incondicional durante su turno. ¿Quién me atendía?

Trabajamos durante horas los valores y aptitudes que una enfermera debe poseer; la responsabilidad, la empatía, la voluntad, la sensibilidad, la humildad…y parece ser que una vez tenemos el título de enfermeras, y sumergidas en la gran carga de trabajo asistencial a la que estamos sometidas, no recordamos lo que deberíamos ser en esencia.

Quiero saber cómo te llamas, quiero saber si me vas a pinchar, cuántas veces y porque, que vas a introducir en mi vena. No des por supuesto que conozco tu trabajo o mi tratamiento. Quiero sentir en cada una de tus actuaciones como supuran los valores enfermeros de tu uniforme. Es verdad que en la escuela enseñamos las técnicas enfermeras con la mayor excelencia, basándonos en la evidencia científica y en los últimos estudios, para que nuestros alumnos conozcan la mejor manera de realizarlas. Muchos de ellos, nos cuentan en sus diarios reflexivos de prácticas, como no se llevan a cabo de la misma manera en los hospitales. Y es verdad. Pero no depende muchas veces de las instituciones, sino de la enfermera que las lleva a cabo. No me importa que me instaures una vía periférica sin un campo estéril perfecto, no me importa que me pinches tres veces, pero no olvides contarme que me estás haciendo con una sonrisa empática en tu rostro.

Cada escuela de enfermería escoge las grandes teóricas enfermeras que van a ser explicadas en el aula, pero todas conocemos a Nightingale. La madre de la Enfermería con mayúsculas, predecesora de Virginia Henderson, la creadora del modelo con sus 14 necesidades tan conocidas por todas nosotras: comer, beber, dormir….Pues ahora, en el siglo XXI parece ser que hemos olvidado sus grandes teorías. Creo que por ser tan conocidas, nos volvemos a olvidar de su esencia: ¿cómo vas a realizarme un balance hídrico si no compruebas que tenga la botella de agua llena o pueda levantarme a por agua?

Siempre ha defendido el equipo de enfermería formado por técnicos auxiliares de enfermería y enfermeras, como eje básico de cuidado de las necesidades básicas. Trabajo en equipo, explicamos en la universidad, necesario para atender y poder valorar a la persona atendida. Noté por su ausencia el ofrecimiento de ayuda o suplencia para las mías. Y eso, me entristeció…

Y sigo sola…  Estoy aquí y pasan turnos que sólo entran a administrarme la mediación sin más, eso sí, a la hora que toca y de la mejor manera. Pero noto un importante déficit de información y sobretodo calor humano.

Por fin la infección bacteriana ha sido combatida por los antibióticos adecuados. Me encuentro mejor, muy cansada, pero sin dolor ni fiebre. Llega el momento del alta.

Y la historia se repite de nuevo: déficit de información y ausencia de una alta de enfermería donde se reflejen los cuidados que he recibido. Ninguna educación sanitaria ni nada parecido. Como si no hubiera pasado nada, salvo que mi cuerpo aún recuerda perfectamente cada segundo del proceso.

Ya en casa, más tranquila, con los míos, es tiempo de reflexionar. Dicen que la palabra crisis proviene de cambio, y que en todo cambio hay oportunidades. Que lo importante es reconocer nuestras debilidades y amenazas, para convertirlas en fortalezas.

La enfermería debería continuar siendo la que está a pie de cama, la que acompaña, la que diagnostica y elabora planes de curas basados en la persona que cuida. No debería importar en qué tipo de hospital estamos siendo atendidos o la sobrecarga laboral. Debemos seguir luchando por nuestro rol profesional pero sin olvidar quienes somos, de que trabajamos.

Y ahora que finaliza el año y comienza uno nuevo, quiero pensar que podemos hacer mejor las cosas. En estas situaciones me sobra el discurso sobre la prescripción enfermera, el paso de diplomatura a grado, nuestro rol profesional…Necesito recuperar NUESTRA ESENCIA ENFERMERA.

Necesito compartirla con todas mis compañeras y alumnas. Retomar el sentido de nuestra tan querida profesión. Necesito sentir que se puede cuidar desde dentro, necesito más hechos y menos palabras.

Meritxell  Sastre Rus (@txellsastre10)

Enfermera Especialista en Salud Mental

Máster en Gestión de servicios en enfermería

Profesora en la  Escuela Universitaria de Enfermería  Gimbernat (UAB).