Ens en sortirem” (Saldremos de ésta). Lo tengo claro, saldremos, pero muchas cosas habrán cambiado, sobre todo a ojos de los profesionales. La herida va a ser profunda y ya duele mucho. Hemos pasado una primera, una segunda y una tercera ola. Han sido golpes directos a todos los niveles, social, económico, humano.

La ética se ha manifestado y lo está haciendo durante toda la pandemia a través del sentido deontológico de los profesionales que se están entregando en cuerpo y alma, descuidando el cuidado propio. De esta manera están llegando dónde quizás a los comités de ética asistencial no les ha sido posible. Puede ser que por el volumen del dilema, por la forma en la que están articulados dentro del sistema o simplemente por la manera en la que están integrados en él, dónde su actuación no es, posiblemente, todo lo ágil que debiera. Su voz se ha escuchado poco, o menos de lo que debiera haberse escuchado. Los profesionales han afrontado situaciones y dilemas éticos más complejos de lo habitual, en un entorno muy hostil, casi bélico, y su herramienta de afrontamiento la han encontrado en el sentido deontológico de cada profesión. Destacar el papel de la enfermera, como profesional de una disciplina, y no de la enfermería como una cosa. La enfermera (y su equipo) ha estado y está 24/7/365 a pie de cama viviendo junto al paciente toda esta situación, asumiendo un desgaste en su propio ser, que muchas veces ha hecho que se plantee su vocación, aquello de lo que tanto (hemos) había presumido. Tal sacudida en los cimientos profesionales ha hecho que la sociedad mire de diferente manera a esta disciplina, aunque el desgaste no lo aliviará el reconocimiento social tan anhelado.

La tecnología ha sido una aliada para los profesionales. Es indudable reconocer cómo mientras los entornos se hacían cada vez más hostiles en los centros sanitarios como los hospitales, habían profesionales que utilizaron la tecnología más cotidiana para acercarse a los pacientes y conectar a éstos con sus seres queridos. ¿Es posible cuidar mediante la tecnología? A mi manera de ver, de nuevo las enfermeras han sabido adaptarse para cuidar mejor, mediante una especie de empatía digital, dando caricias a golpe de smartphone mediante videoconferencia. Han cuidado el entorno bio-psico-social del paciente con todo lo que tenían, sin plantearse si era un medio seguro o si era ético el canal, su sentido ético ha resuelto la duda. Sin embargo la tecnología asistiva, la tecnología médica, ha mostrado su limitación, y es la que ha planteado la mayor parte del dilema. Ucis limitadas, falta de respiradores, falta de herramientas tecnológicas para poder tratar y cuidar, han planteado situaciones dónde el dilema bioético supera por completo la aplicación deontológica de todos los profesionales, y de todas las profesiones. Esa superación lleva a plantear dilemas complejos en torno a la atención general, con soluciones difíciles cuando son los profesionales quienes deben aplicar criterios, que aunque vengan marcados por un consenso bioético, golpea de nuevo su sentido deontológico en sus cimientos.

Saldremos de ésta (“ens en sortirem”), pero la cicatriz de la herida será muy visible tanto a nivel social, a nivel profesional, como a nivel individual. Como tratemos esta herida en el futuro marcará el devenir de las profesiones sanitarias y de sus profesionales. Y en este aspecto sí que el papel de la bioética va a tener que plantearse si tiene un rol más activo y proactivo para marcar también el camino deontológico del futuro para cuidar con ética del sistema sanitario.

 

Fernando Campaña Castillo

Comité de ética Hospital Sant Rafael de Barcelona HHSCJ

Artículo escrito a raíz de un ejercicio de reflexión sobre el texto «Ens en sortirem!» Reflexions sobre la covid-19, J. M. Busquets, C. Llubià, R. Font i col·ls, publicado en Annals de Medicina 2020, Vol 103, Núm 4, Octubre/Novembre/Decembre ( PDF )